jueves, 17 de marzo de 2016

Cuestión de imaginación... y de dientes

A bordo de un barco en alta mar es tan necesario el ingenio como la formación... y en todos siempre hay un personaje que nos salva en las situaciones más insólitas. El nuestro se llama Winston pero por sus dotes se ha ganado el apelativo de Mac Gyver por su capacidad de construir herramientas a partir de cualquier hierro, tubo o plancha que parezca inútil a bordo.

En una ocasión apareció por cubierta con unas tenazas de fabricación propia que parecían robadas de la consulta del dentista en una película de John Wayne -Winston también tiene algo de los personajes que encarnó el famoso actor-. Venía con Pepe, su pequeño loro verde sobre el hombro. Como en un pirata, el loro era una extensión de su cuerpo y en esa época jamás se veía a Winston en el barco sin Pepe. Aquel día hasta Pepe estaba nervioso. Su fiel protector y alimentador de pipas portaba algo que asemejaba ser un arma más que una de sus herramientas habituales y ello provocaba que aflorase su mal humor. Sin duda, Pepe era el tripulante con peor humor. No sacó la vista del artilugio hasta que se lo entregó a los marineros. Todos nos preguntábamos cuál sería la misión de semejante artilugio. Con Winston nunca se sabe.

- For take out hooks of the sharks more safety”

Increíble.

- Ok, Winston.

El punto y final lo puso Pepe que, cuando se vio a salvo del hierro le propinó un picotazo en la oreja que lo hizo sangrar. Winston aceptaba de buen grado aquellos arrebatos de mal humor. Eran como el agua y la sal del Océano.

Pero vayamos al día de autos. La radio estaba a tope. El Celta se jugaba las eliminatorias de la Copa del Rey. El barco luce con orgullo el escudo del equipo, pero quien lo lleva al extremo de la pasión es Jaime, el Capitán. La tensión era máxima, excepto para Winston, que pasó por el puente, indiferente, portando una preciosa espada seca. Tenía intención de prepararla y regalársela a Jaime. Winston conocía aquel alboroto. Entró por una puerta y salió por la otra, sin más, con su espada sobre el hombro y la cicatriz en la oreja como único recuerdo de Pepe. Siguió su camino hacia el taller con intención de empezar a preparar la catana de hueso curado.

El Celta marcó un gol. Jaime perdió el control y bajó las escaleras del puente apresurado. Le faltaba tiempo para compartir su alegría con los marineros que se encontraban disfrutando de una película en el comedor. Visto, no visto. Regresaba al puente a la misma velocidad con la que había bajado. No se permitiría perder un solo minuto del festival celeste. Inició el ascenso de las escaleras precipitado. Lo hacía como si necesitara invertir toda la segunda parte del partido en su subida al puente. ¡Zaaass! Resbaló. Pisó mal en el tercer escalón. Se fue de narices. Echó mano a la boca. Sangre. Un incisivo decorando la escalera. ¡Mierda! No importa: el Celta gana. Al final del partido Winston sube al puente para mostrarle a Jaime sus avances con la espada. Perfectamente pulida. Blanco inmaculado. Mira a su amigo. Este se ríe por la victoria. En ello muestra la oquedad que ya no recuerda difuminada en la victoria del Celta.

- What?-, pregunta Winston.

- No problem-, contesta Jaime con su inglés galaico.

- Ahh. I have an idea. No problem, Jaime. Wait a moment. One hour, please. Wait.

- Ok, ok, no problem. Qué carallo diría este? A saber.

Jaime siguió a lo suyo.

Llegaron a tierra. Lo primero era ir a la odontóloga. Ya estaba advertida de la pérdida del incisivo del Capitán. Cuando Jaime llegó a la consulta la sorpresa fue mayúscula. Al señor que tenía sentado en la sala de espera no le faltaba ningún incisivo.

- ¿Es usted Jaime? ¿No le faltaba un diente?

- Ah, perdone.

Jaime acercó su mano a la boca y extrajo la perfecta prótesis que Mac Gyver le había preparado con la espada cuyo fin era la pared del salón de su casa en forma de catana y no en su boca como prótesis dental. La odontóloga no salía de su perplejidad. Jaime guardó el diente de pez espada.

Cuando regresó al barco leyó el Faro de Vigo. Había una noticia que se refería al aprovechamiento que los japoneses hacen del pez espada. Hablaban de jeans.

- Si, iso está moi ben, pero nos tamén facemos dentes-, se dijo.

Y hoy, desde alta mar, la música dedicada a un seguidor del blog muy especial. ¡Ahí va tu Van Morrison, Emilio!

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